Recordar y Reconectar con lo Humano: Un Camino hacia Futuros Locales Dignos a Través de la Imaginación, la Palabra y la Colaboración
- urbieta2
- 2 ene
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Introducción: El Momento Liminal y la Pérdida de Nuestras Herramientas Esenciales
Vivimos en un suspiro histórico. Un espacio entre mundos, entre historias. Lo viejo —sus instituciones, sus certezas, sus promesas— se desmorona con una velocidad que aturde, mientras lo nuevo aún no termina de tomar forma. Esta sensación de vértigo, de tierra movediza bajo los pies, no es una ilusión. Es la señal de un cambio de época, un “momento liminal”, ese umbral sagrado y desconcertante donde se ha dejado una estructura pero aún no se ha ingresado a la siguiente.
En medio de esta transición, nos sentimos enfermos. Diagnostican ansiedad, polarización, depresión, cinismo, soledad. Recetamos optimización personal, más productividad, nuevos gadgets. Pero yo creo que estamos tratando los síntomas mientras ignoramos la enfermedad de fondo. La verdadera patología no es individual; es civilizatoria. Y su manifestación más clara es la erosión sistemática de las mismas capacidades que nos hicieron humanos.
Nuestros sistemas educativos, políticos y económicos —diseñados para una era de expansión y control— no solo han fallado en prepararnos para este umbral; activamente han degradado los músculos psicológicos, emocionales y sociales que necesitamos para cruzarlo. Han silenciado nuestra imaginación, empobrecido nuestra palabra y roto nuestros lazos de colaboración. Nos han dejado, en el momento de mayor necesidad, desarmados ante el futuro.
Este artículo es un intento por nombrar esa erosión y, sobre todo, por trazar un mapa para la recuperación. Es la exposición de una Teoría del Cambio que no nace de la academia, sino de la práctica, la experiencia, la presencia, la responsabilidad, el amor y la escucha. Una teoría que sugiere que el camino hacia futuros locales dignos y vivibles no está en una nueva tecnología o en un líder salvador, sino en el redescubrimiento colectivo de tres “superpoderes” latentes: la Imaginación, la Palabra y la Colaboración.
Es una invitación a recordar lo que somos, reconectar con los otros y con el telar de la vida, y reconocer nuestra responsabilidad con las futuras generaciones y con la vida misma. Es, en esencia, una invitación a rehabilitar nuestra humanidad compartida.

Parte I: El Diagnóstico – Cómo Perdimos Nuestros Superpoderes
La Imaginación Exiliada
Piensa en la última vez que alguien en una reunión seria dijo: “¿Y si imaginamos que…?”. Probablemente hubo incomodidad. La imaginación ha sido relegada al ámbito de los niños, los artistas y los soñadores “improductivos”. En un mundo obsesionado con lo medible, lo inmediato y lo material, el acto de imaginar lo que no existe se considera un lujo o una distracción.
Nuestras escuelas son máquinas de respuestas correctas, no de preguntas valientes. Premian la memorización, no la reflexión; la obediencia, no la colaboración, el monólogo, no el diálogo; la rigidez, no la imaginación. Nuestras economías valoran la ejecución eficiente del plan existente, no la exploración de lo radicalmente nuevo. El resultado es una atrofia de la imaginación colectiva. Solo podemos imaginar variaciones de lo ya conocido: más crecimiento, más consumo, más control. Cuando enfrentamos problemas complejos —cambio climático, enfermedades mentales, desigualdad profunda, inteligencia artificial— nuestras soluciones son incrementalistas, porque no podemos ver un sistema operativo distinto.
Pero la verdad es evidente: todo lo humano nació de un acto imaginativo. La rueda, la democracia, la sinfonía, el internet. Primero fue una chispa en una mente, luego se compartió, y luego se hizo real. Al exiliar la imaginación, hemos cerrado la puerta a nuestro propio futuro. Un pueblo que no puede imaginar juntos está condenado a repetir patrones o al colapso.
La Palabra Empobrecida
El lenguaje nos hizo humanos, escuchar nos hizo comunidad. Pero lo que tenemos hoy es una caricatura de su potencia. La palabra ha sido secuestrada por el ruido. Reducida a eslóganes políticos, a publicidad manipuladora, a discursos de odio que polarizan, o a intercambios utilitarios en redes sociales. Hemos perdido el arte de la conversación generativa: aquella que no busca ganar, sino explorar; que no afirma certezas, sino que cultiva preguntas; que no habla “a”, sino “con”.
La escucha profunda —ese acto de apertura radical donde recibimos al otro sin preparar nuestra réplica— es un ritual en extinción. Nuestras interacciones son transaccionales, defensivas o simuladas. Las redes sociales, lejos de ser la comunidad que prometían, se han convertido en cámaras de eco donde la polarización y la agresión son la moneda de cambio.
Sin una palabra rica y una escucha atenta, es imposible tejer narrativas compartidas. Y sin narrativas compartidas, no hay cultura, no hay identidad colectiva, no hay brújula moral. Nos fragmentamos en tribus que hablan idiomas emocionales incompatibles. La palabra, en vez de ser un puente, se convierte en un muro.
La Colaboración Fracturada
Nuestra grandeza como especie nunca residió en individuos aislados, sino en nuestra capacidad única para colaborar a gran escala, con extraños, alrededor de propósitos comunes. Construimos catedrales, bibliotecas, movimientos de derechos civiles. Hoy, sin embargo, el individualismo no es solo un valor, es un mandato económico, social y cultural. Se nos enseña a competir, a optimizarnos, a ser “la marca personal”.
Nuestras organizaciones están llenas de “silos” departamentales. Nuestros barrios llenos de desconocidos. Nuestras democracias son mercados de votos, no espacios de deliberación común. La desconfianza es la moneda corriente. La colaboración auténtica —aquella que requiere vulnerabilidad, confianza y compromiso con un bien mayor que uno mismo— se siente ingenua, riesgosa, ineficiente.
El costo es una pobreza relacional que nos hace frágiles. Ante shocks sistémicos, no tenemos redes de apoyo resilientes. Ante problemas complejos, no podemos orquestar respuestas colectivas coherentes. Nos hemos desconectado unos de otros, y en ese proceso, nos hemos hecho pequeños, asustados e impotentes.

Parte II: El Antídoto – Un Trípode para Sostener el Mañana
Frente a este diagnóstico, la respuesta no puede ser un parche técnico o un decálogo de buenas intenciones. Debemos ir a la raíz: rehabilitar nuestras capacidades fundamentales. Propongo que estas capacidades forman un trípode —tres patas interdependientes e interconectadas que se sostienen mutuamente.
Primera Pata: La Imaginación (La Capacidad de Ver lo que No Existe)
La imaginación no es fantasía escapista. Es la facultad de crear modelos mentales de realidades posibles. Es el primer paso de toda creación. Sin imaginación, no hay posibilidades, solo destino. Rehabilitarla significa:
Desbloquear el Cinismo: Aprender a suspender el “eso es imposible” para preguntar “¿cómo sería si fuera posible?”.
Ejercitar el Músculo de Futuros: Practicar la visualización colectiva de escenarios no apocalípticos, de bioregiones en las que queremos vivir.
Recuperar lo Sagrado de lo Posible: Entender que imaginar juntos es un acto político, ético, moral y humano de resistencia contra el determinismo.
Segunda Pata: La Palabra (La Capacidad de Nombrar y Tejer Sentido)
La palabra es el puente entre la imagen interior y el mundo compartido. A través de ella, convertimos la experiencia privada en territorio común. Rehabilitarla significa recuperar:
El Poder Creador del Lenguaje: Comprender que al nombrar una emoción, un deseo, un miedo, le damos forma y la hacemos manejable.
El Ritual del Diálogo: Crear espacios donde la palabra circule con respeto, donde se priorice la comprensión sobre la persuasión.
La Construcción de Narrativas Compartidas: Co-crear las historias que nos explican quiénes somos, de dónde venimos y, sobre todo, hacia dónde vamos.
Tercera Pata: La Colaboración (La Capacidad de Hacer Juntos)
La colaboración es la alquimia que transforma la idea y la palabra en realidad. Es la materialización de la interdependencia. Rehabilitarla significa:
Superar la Desconfianza: Diseñar experiencias que demuestren, de forma tangible, que podemos confiar y ser confiables.
Cultivar la Inteligencia Colectiva: Aprender a procesar información, tomar decisiones y resolver problemas como un organismo, no como una asamblea de individuos.
Prototipar lo Nuevo: Emprender proyectos pequeños y concretos que encarnen los nuevos imaginarios, demostrando que otro modo de hacer es posible.
Este trípode no es una metáfora bonita. Es un sistema operativo. Si intentamos colaborar sin una imaginación compartida, trabajaremos eficientemente hacia metas incoherentes. Si imaginamos sin palabra e historias claras, nuestras visiones se quedarán en lo etéreo. Si hablamos sin capacidad de colaboración, nuestra narrativa será hueca. Las tres patas deben fortalecerse juntas.

Parte III: La Teoría del Cambio – Un Mapa para la Rehabilitación Colectiva
¿Cómo se traduce este trípode en una práctica concreta que genere cambio real en comunidades y organizaciones?
Esta es la Teoría del Cambio que propongo para co-crear “Islas de Coherencia” y “Futuros Locales Posibles”.
El Punto de Partida: Encontrar a los “Tejedores Locales”
No todo el mundo está listo para este viaje. En tiempos de crisis, algunos se paralizan, otros se aferran al pasado. Nuestra primera tarea es encontrar a aquellos que, a pesar del miedo, sienten un anhelo activo por lo nuevo. Los “innovadores”, “adaptadores tempranos”, “creativos culturales” y “creativos espirituales” de este cambio de época. Aventureras y aventueros que están dispuestas a retar sus certezas e historias personales, reconocen que nuestros sistemas están rotos y no nos sirven más y desean reimaginarlos y reinventarlos desde lo local. Juntos.
Actividad Clave: La Charla de Invitación. No es un taller, es una conversación honesta. Un espacio donde planteamos preguntas incómodas y esperanzadoras: ¿Qué duele aquí? ¿Qué futuro anhelamos? ¿Estamos dispuestos a cuestionar nuestras certezas? No buscamos convencer, sino identificar resonancia. Que cada persona se auto-seleccione.
Paso 1: Reactivar la Imaginación y la Palabra (El Deshielo)
Una vez reunidos los “tejedores”, el primer trabajo es crear un “contenedor seguro” donde el trípode pueda ejercitarse sin el ruido del mundo exterior.
Actividades Clave: Talleres, Retiros y Laboratorios. Aquí, a través de dinámicas experienciales, círculos de palabra, inmersión en la naturaleza y ejercicios de futuro, ocurre lo esencial:
Se legitima la Imaginación: “Está bien soñar aquí. Está bien proponer lo ‘loco’”.
Se purifica la Palabra: Aprendemos a escuchar sin interrumpir, a hablar desde la experiencia propia, no de ideologías.
Se nombra lo innombrable: Emergen los miedos compartidos, los anhelos ocultos, las primeras imágenes de un futuro distinto.
Resultado Inmediato: Los participantes toman conciencia de que no están solos y de que otro futuro es imaginable. Comienzan a cuestionar sus narrativas internas limitantes. Se forma el germen de una confianza básica.
Paso 2: Cultivar la Colaboración y la Práctica (La Raíz)
La inspiración, si no se encarna, se evapora. El segundo paso es convertir la energía del grupo en acción coordinada y en hábito.
Actividad Clave: La Comunidad de Práctica.Este no es un grupo de debate. Es un cuerpo que hace. Se reúne regularmente para:
Profundizar en el trípode: Seguir ejercitando imaginación, diálogo, y colaboración.
Aprender a Colaborar: Adoptar herramientas simples de toma de decisiones por consentimiento, distribución de tareas y responsabilidad compartida.
Prototipar: Lanzar un proyecto pequeño y concreto que materialice su imaginario. Puede ser una huerta comunitaria, un festival local, un eco del futuro, una campaña de cuidado del agua.
Resultado Intermedio: Nace una “isla de coherencia”. Un espacio en el territorio donde se vive, a pequeña escala, la cultura que se predica: imaginativa, dialogante, colaborativa. Esta isla se convierte en un faro demostrativo y en un gimnasio de habilidades para sus miembros.
Paso 3: Tejer Redes y Escalar la Coherencia (El Ecosistema)
Una isla puede ser un refugio, pero el objetivo es regenerar al individuo, a la comunidad, a la bioregión. La tercera fase es conectar las islas entre sí y con los sistemas existentes.
Actividades Clave: Alianzas Estratégicas y Redes de Influencia.
Se buscan aliados en fundaciones, organizaciones, empresas con conciencia, dependencias de gobierno local, medios de comunicación.
El podcast “El Mito de Ser Humano” y otros medios sirven para narrar la nueva historia que está naciendo, atrayendo a más tejedores.
Las comunidades de práctica comienzan a incidir en políticas públicas, a ofrecer consultoría y acompañamiento a organizaciones que quieren transformarse, a tejer una economía local más resiliente.
Impacto Directo (3-5 años): Se consolida una red regional de “tejedores locales” con capacidades renovadas. El modelo demuestra su sostenibilidad (económica y social). Los prototipos se multiplican y su influencia se hace visible.

El Cambio Final: Hacia una Cultura Regenerativa
El horizonte final no es un “proyecto exitoso”, sino una transformación cultural. Es cuando estas prácticas dejan de ser un “programa” y se vuelven el modo normal de ser comunidad.
La imaginación colectiva se institucionaliza (ej., asambleas ciudadanas para imaginar el plan de desarrollo municipal).
La palabra cuidadosa y la escucha atenta se valoran como habilidades cívicas esenciales.
La colaboración multiactor (ciudadanos, gobierno, organizaciones, negocios) es la forma estándar de abordar problemas.
El resultado son comunidades sanadas, con un tejido social denso y resiliente, capaces de navegar la incertidumbre con propósito compartido y de heredar futuros dignos a las siguientes generaciones de la bioregion.
Parte IV: Nuestra Ética: Interdependencia Radical – Recordar, Reconectar, Reconocer
Esta teoría del cambio no se sostiene en el aire. Se ancla en una verdad biológica y existencial: somos seres en red, interdependientes e interconectados. No existimos fuera de los sistemas que nos sostienen.
La teoría se guía por tres principios éticos: Recordar, Reconectar, y Reconocer. Estos valores del proceso moldean cada taller, cada alianza y cada meta que nos proponemos.
Recordar que Somos Naturaleza
Hemos olvidado que compartimos el mismo planeta, que dependemos de la misma agua, del mismo aire. Hemos contado la historia de que los humanos estamos sobre la naturaleza, dominándola. Es una narrativa de separación que nos está envenenando. Rehabilitar nuestros superpoderes implica recordar que somos naturaleza, somos parte del sistema “Gaia”. Recordar que vivimos en sistemas y que dependemos de la calidad de las relaciones de nuestros sistemas. Nuestra imaginación es un fenómeno ecológico. Nuestra palabra emerge de un cuerpo que es un ecosistema. Nuestra colaboración más básica es la simbiosis con los millones de microbios que nos permiten vivir.
Al recordar esto, nuestra responsabilidad cambia. No se trata de “salvar el planeta” (él seguirá sin nosotros), sino de salvar las condiciones para nuestra propia vida digna y la de todos los seres con los que co-evolucionamos.
Reconectar con Nosotras, con las Otras y con el Territorio
La abstracción global nos paraliza. La reconexión es un acto local, sensorial, específico. Es poner los pies en el suelo de tu bioregión, conocer sus ciclos de agua, sus suelos, sus especies. Es mirar a los ojos a tus vecinos, conocer sus historias, sus luchas, sus sueños.
La comunidad de práctica es, ante todo, un espacio para esta reconexión. No se imagina un futuro genérico; se imagina el futuro de este valle, de este barrio, con estas personas. La colaboración nace de este re-conocimiento mutuo.
Reconocer Nuestra Agencia y Responsabilidad
El último paso es el más difícil y el más liberador: reconocer que tenemos poder y que, por tanto, somos responsables. No “poder sobre”, sino “poder con”, agencia de actuar individualmente y con otros. El poder de imaginar, de nombrar, de organizarnos.
Cada omisión (“esto es muy grande, yo no puedo”) y cada acción (“voy a juntarme con mis vecinos para hacer esto”) tiene un impacto. Se acumula en el lado del colapso o en el lado de la regeneración. Reconocer esta agencia nos saca del papel de víctimas o espectadores y nos coloca en el de co-creadores responsables.
Recordar, Reconectar, Reconocer. Este es el ciclo virtuoso que alimenta el trípode. Es la conciencia que hace que el trabajo no sea solo técnico, sino profundamente significativo.

Parte V: Viaje de Ego a Eco
Como herramienta para las comunidades de práctica y para la teoría del cambio que propongo, diseñé una caja de herramientas a la que llamo “Mochila de Herramientas”. Mi reflexión fundacional ante el escenario actual es clara, la casa que la cultura moderna ha construido demanda un “peregrinaje interno”. No entre lugares, sino entre paradigmas, entre formas de ver, ser y hacer. Un viaje del viejo mundo que colapsa al nuevo mundo que germina, de la lógica destructiva a la ética regenerativa, de economías de muerte a prácticas que dan vida, del mito del Yo separado a la verdad del Nosotros entrelazado, del Imperio que controla y somete a la Comunidad Planetaria que colabora y regenera. De la prisión del Ego a la comunión del Eco.
La mochila está compuesta por herramientas, prácticas, mapas conceptuales, preguntas, vínculos, artículos, videos, documentales y experiencias que he tenido en mi propio viaje. Lo más valioso que tenemos para compartir son nuestros errores, aprendizajes, batallas, aciertos, miedos; en resumen, nuestras historias.
Para encarnar este viaje, imaginé y diseñé un mapa, una ruta conceptual hacia Eco tejida con glifos e imágenes que susurran posibilidades y despiertan curiosidad. Se complementa con una brújula imaginativa con puntos cardinales conceptuales que nos sirven como orientaciones para navegar la transición. Como compañeros de ruta, creé las mapostales: el corazón de este proyecto, guías minimalistas que capturan la esencia de cada estación en el viaje.
Para este peregrinaje interno ofrezco a las y los participantes probar los “lentes regenerativos”; prismas fundacionales que nos sirven para refractar la luz del paradigma obsoleto y reconfigurar nuevas formas de pensar, ser y hacer: pensamiento sistémico, pensamiento de futuros y la práctica eco somática.
El pensamiento sistémico es una forma de entender la realidad que se enfoca en las interconexiones e interdependencias entre las partes que conforman un todo, en lugar de centrarse únicamente en las partes individuales se centra en las relaciones. Es una perspectiva que considera los sistemas como un conjunto de elementos que interactúan entre sí y que forman un todo integrado.
El pensamiento de futuros es una forma de pensar y abordar el futuro que va más allá de la simple predicción o pronóstico. Se trata de explorar una diversidad de futuros posibles, probables y preferibles y que es posible identificarlos a través de señales, patrones y tendencias que existen hoy.
La eco somática es un enfoque que trata a la persona como un todo. Lo que pensamos, sentimos y creemos afecta directamente a nuestro cuerpo y bienestar físico.
El movimiento somático usa técnicas sencillas como prestar atención al momento presente, escuchar al cuerpo y observar la respiración. Estas herramientas nos sirven para conectar con nuestra propias capacidades internas y externas y así, encontramos estabilidad, equilibrio y bienestar.
Conclusión: Una Invitación a la Corresponsabilidad Creadora
Esta teoría no está escrita en piedra. Es una libreta de viaje en evolución, refinada por cada conversación, cada fracaso, cada lección, cada pequeña victoria en el territorio. No ofrece certezas, sino una ruta de práctica.
Estamos en el umbral. Podemos dejar que el miedo, la incertidumbre y la inercia nos lleven a futuros de fragmentación autoritaria y colapso ecológico. O podemos reclamar nuestro derecho a soñar y a construir algo distinto.
Ese reclamo no se hace con protesta aislada, sino con práctica profunda. Practicando la imaginación hasta que dejemos de tenerle miedo. Practicando la palabra hasta que recuperemos su poder de tejer confianza. Practicando la colaboración hasta que recordemos la alegría y la potencia de hacer juntos.
El proyecto de “Imaginación Colectiva para Futuros Locales Posibles” es, en esencia, crear los gimnasios donde esa práctica sea posible. Espacios donde el trípode humano pueda rehabilitarse. Donde podamos recordar que somos más, y podemos ser mejores, de lo que nuestra cultura moderna actual nos permite creer.
La invitación está abierta. No a una ideología, sino a un ejercicio de humanidad compartida. A comenzar, en donde estés, con quien esté listo, a imaginar, a dialogar y a construir el futuro digno que anhelas. No porque sea fácil, sino porque es esencial. Porque el futuro no es un lugar a donde vamos, sino uno que estamos creando aquí y ahora, con cada palabra, cada silencio, cada acto de colaboración u omisión.
Imaginemos. Dialoguemos. Co-creemos.
Recordemos. Reconectemos. Reconozcamos.